‘Ant-Man y la Avispa’ – Lo justo (o menos) – Spoiler

Hay algo relativamente bueno en ‘Ant-Man y la Avispa’. Relativamente, porque la película no acierta a convertirlo en algo bueno; es más, aquello que debería de ser su punto fuerte, y aquello que intenta -con buen criterio- que sea su punto fuerte es precisamente lo que acaba por dejarla tocada (y prácticamente hundida tras 120 minutos): Su irrelevancia.

La irrelevancia entendida como una cuestión en la que da lo mismo ver o no ver una película. Una “irrelevancia” acrecentada en este caso por la sombra, aún soberana (y en cartelera), de una ‘Infinity War’ que no hace falta ver (ni ser spoileado) para asegurar que su irrelevancia para un groupie de Marvel Studios tiende a 0 (de imprescindible, claro está).

Pero corramos un tupido velo sobre “capítulos anteriores”, que viene a ser lo que hace (o pretende) ‘Ant-Man y la Avispa’: Ser una suerte de capítulo episódico al margen de la historia de la temporada. El contrapunto cómico a un chasquido diabólico. Una película de superhéroes “como las de antes”, muy a lo ‘The Phantom’… por ir malmetiendo un poco.

‘Ant-Man y la Avispa’ se afana en ser algo así como ‘El chip prodigioso’ de Marvel Studios. Una película ligera, muy “de verano” y pensada para un día de resaca. De consumo rápido y exigencia mínima. Esa “irrelevancia” que decía, y que por definición ni es buena ni es mala. Si acaso más o menos oportuna, si acaso más o menos convincente, si acaso…

… más o menos lograda, siendo aquí en dónde lo relativamente bueno se convierte en algo más bien malo: Una excesiva relajación que transforma lo simple en simplón. O cuando lo sencillo parece descuidado y lo ligero desaliñado. Mientras películas como ‘El chip prodigioso’ convierten lo complejo en simple ‘Ant-Man y la Avispa’ convierte lo simple en torpe.

Tan simple, como para que todo parezca igual de torpe y las cosas se vayan sucediendo sin más, sin esa mínima incertidumbre responsable de la emoción. Sin que exista ninguna oposición a las acciones de unos protagonistas que además “van de sobrados”, poniendo en evidencia a un guión que sin efectos visuales podría ser una lista de la compra.

Una película que además, en su empeño continuo por hacer de todo un chiste, bordea peligrosamente la sensación, esa sensación que proyectan buena parte de las producciones que protagonizan los cómicos surgidos de SNL: Que les han dado una idea, un esquema y hala, a improvisar y a soltar chistes, que mientras haga gracia, parecerá una película.

Si en la primera había cierto desarrollo, poso o solidez (gracias en mayor o menor medida a Edgar Wright…), en esta segunda eso se presenta como precipitación, en una secuela se diría hecha a contrarreloj. “A lo bruto” y sin cuidar los detalles, sin sopesar qué funcionaba y qué no de la anterior: A encomendarse a la condescendencia de los fans.

A tirar hacia adelante, por inercia y sin preguntarse el por qué o para qué hacerlo. Porque podemos, porque tuvimos éxito, porque algo hay que hacer, porque tenemos fans. Una secuela amedrentada por un éxito previo que en vez de animarla a crecer, la empequeñece. Ese hijo que prefiere comer en casa a salir en busca de nuevos sabores.

Y lo peor de todo es que Thanos no tiene la culpa de que ‘Ant-Man y la Avispa’ sea una decepción, aún partiendo de la base que la primera no era ninguna maravilla. Lo peor es esa “irrelevancia” llevaba al extremo y convertida en una suerte de dogma resignado: Cómo asumo que haga lo que haga estaré a la sombra de un “Guantelete”, hago lo justo (o menos).

 

Por Juan Pairet Iglesias

Fuente: elseptimoarte.net

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