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Shakira conquista el Zócalo de la CDMX.

La noche del 1 de marzo de 2026 quedará inscrita en la memoria colectiva de la capital del país. La cantante colombiana Shakira convirtió el corazón de la Ciudad de México en un epicentro musical al ofrecer un concierto masivo en el Zócalo de la Ciudad de México, donde, de acuerdo con cifras oficiales del Gobierno capitalino, se congregaron aproximadamente 220 mil personas.

Desde las primeras horas del domingo, cientos de seguidores comenzaron a arribar al primer cuadro de la ciudad para asegurar un lugar cercano al escenario. El acceso al público se abrió alrededor de las 14:00 horas, bajo un operativo de seguridad coordinado por autoridades locales, que incluyó filtros de revisión, cierres viales y presencia de servicios médicos y de protección civil. Para las 18:00 horas, la plancha del Zócalo ya lucía prácticamente llena.

El espectáculo arrancó minutos después de las 20:30 horas y se extendió por poco más de dos horas y quince minutos. Shakira apareció en el escenario entre luces doradas y una ovación ensordecedora que marcó el tono de la velada. El repertorio fue un recorrido por sus más de tres décadas de trayectoria, combinando clásicos que marcaron a varias generaciones con sus éxitos más recientes.

Temas como “Hips Don’t Lie”, “La Tortura”, “Ojos Así”, “Antología” y “Waka Waka” desataron la euforia colectiva, mientras que sus nuevas producciones fueron coreadas con la misma intensidad. La artista hizo pausas constantes para agradecer el respaldo del público mexicano, al que calificó como “uno de los más leales y apasionados del mundo”.

La producción estuvo a la altura del recinto: pantallas gigantes, efectos visuales sincronizados, un despliegue de bailarines y una banda en vivo que reforzó la potencia del espectáculo. El sonido se extendió por las calles aledañas, donde miles de personas siguieron el concierto desde puntos alternos ante la imposibilidad de ingresar a la plaza principal.

El cierre, pasadas las 22:45 horas, estuvo acompañado por un espectáculo de luces que iluminó la Catedral Metropolitana y los edificios históricos que rodean el Zócalo, en una postal que rápidamente se viralizó en redes sociales.

Más allá de las cifras y del despliegue técnico, la presentación consolidó el vínculo de Shakira con el público mexicano en un escenario emblemático que ha sido testigo de momentos políticos, sociales y culturales decisivos. La noche del 1 de marzo no solo fue un concierto multitudinario; fue una celebración colectiva que reafirmó el poder de convocatoria de una de las figuras más influyentes del pop latino contemporáneo.